La verdad sobre mi última noche en Madrid
Estaba desesperado por follar. Me senté delante del portátil y escribí el mismo email a todas las chicas (77) que me había follado en Madrid. A todas, les mandé el mismo email, con la misma frase:
-“No quisiera irme de Madrid sin abrazarte por última vez”.
Esperé delante del ordenador un rato ¿Picaría alguna? ¿Entenderían el mensaje intrínseco de “quiero follar”? Me valía cualquiera que contestara. Sólo le había mandado el email a las chicas de Madrid que eran guapas: las feas y los amigos masculinos aun están esperando mi despedida (amigos y amigas feas, aprovecho este post, para despedirme de todos vosotros ¡Hasta pronto! ¡Ya volveréis a saber de mi cuando necesite algo!).
La primera que contestó fue Ana. Menuda estúpida. Pero a cuatro patas y jadeando era estupenda. En la primera cita traté de violarla pero cuando se puso a gritar en serio, paré y le dije que era broma. Además tenía novio. Las chicas que viven con los novios son las más necesitadas de sexo: …¿En qué película lo escuché?…: por cada mujer guapísima casada hay un marido cansado de follársela: Ana escribió en su email que, si me parecía bien, nos veríamos en la plaza Santa Ana, al lado de la estatua del poeta Federico García Lorca, a las ocho: que puta: de la estatua del poeta hasta mi cama sólo hay 4 copas de vino de distancia: ella lo sabe bien.
Rápidamente, volví a mandarles un email a todas las chicas a las que les había dicho que no quería irme de Madrid sin abrazarlas por última vez: no sea que se presentaran con el chocho ardiendo en la puerta de mi buhardilla justo cuando yo fuera a entrar con Ana y me jodieran el plan: diciendo que habían venido porque habían leído mi email, que querían darme ese último abrazo del que les hablaba: sería entonces cuando Ana descubriría que soy como ella, como todas (todas follamos cuando nos pica el chocho). Mandé los emails (les dije que me había surgido un imprevisto y que me iba ya para Valencia), comí un filete y me eché a dormir. Quería estar en plenas facultades físicas para cumplir en la cama con Ana. Cuando como carne, follo como un salvaje. Cuando como pollo, follo como una gallina.
Maldita sea. Mañana me iba a Valencia, a vivir con mi novia, y no iba a tener un polvo de despedida. En Valencia, al lado de mi nueva novia, iba a ser un novio fiel: nunca más me follaría a otra: hasta que se estropeara mi relación con ella: me lo había prometido a mi mismo: esta vez iba a ser serio: pero aun estaba en Madrid…
…salí a la calle en busca de una mujer, el único requisito era que esa mujer no cobrara (normalmente) por follar. Entré en un bar y, en la barra, habían dos turistas norteamericanas: solas y borrachas: una era guapa y la otra era fea: con la guapa, a lo mejor no follaba pero, con la fea, seguro que sí: me jugaba el cuello que una fea como esa nunca había follado con un tío bueno como yo. Hablamos un poco y me hice el enamorado: tras unas copas de vino le dije:
-¿Crees en el amor a primera vista?
-No –contestó ella.
-Yo antes tampoco, pero ahora…
La frase es estúpida y cierto que ha salido en mil películas. Pero las tías cuando están delante de un chico que les gusta, creen cualquier cosa: si le hubiera dicho que yo había nacido del interior de una lechuga (asunto que, por otra parte, es totalmente cierto) ella también se lo hubiera creído.
Tras unas copas, nos fuimos los tres a su hotel. La turista tía buena se había comido la boca con un bibliotecario de Cataluña pero pasaba de llevárselo al hotel porque nadie en su sano juicio folla con un bibliotecario de Cataluña. Ya, dentro del hotel, la americana tía buena se acostó a dormir en el sillón del recibidor, y la americana fea y yo, cerramos la puerta y nos acostamos en la gran cama del dormitorio: seguí haciéndome el enamorado, poniéndole ojitos dulces: hasta que la turista americana fea me la chupó: con esmero y con devoción: algunas veces, las chicas feas, con una polla dentro de la boca, se convierten en guapas: me corrí casi al segundo: zas: en toda la boca.
-Me tengo que ir –dije entonces.
-¿Yaf? –dijo con la boca llena de semen.
La turista norteamericana fea se puso a llorar. Yo la consolé, mientras me subía los pantalones, diciéndole:
-Joder, tía, anímate. Por lo menos no soy como los de la película Hostel.
Posted: September 15th, 2007 under Historias.
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