Cada vez que mi novia y yo fumamos un porro, el diablo se acerca más a nosotros.
Cada vez que en la vida haces una cosa mala, abres un poco la puerta que conduce al control de tu interior. Hasta el día que pierdes el control para siempre.
Porque, a nuestro alrededor, aunque no lo veamos o creamos, hay diablos: seres que han escapado del infierno y se encuentran escondidos en la tercera dimensión: esperando a ver una puerta abierta con la que entrar a nuestros cuerpos: para así quitarnos el control y poder regresar a la vida.
Por eso, aquella noche, le dije a mi novia que no folláramos:
-Estamos en serio peligro. Ya hemos hecho bastante mal fumando porros. Si follamos, será la segunda cosa maligna que hagamos. Es demasiado arriesgado.
Pero ella estaba muy cachonda y, con el propósito de anular mi razón, comenzó a chupar mi polla. Chupármela era la segunda cosa maligna que mi novia hacía en este día. Y fornicar por puro vicio, un poco después, la tercera: fue suficiente para abrir la puerta de su interior. Quedamos sudorosos: nos fuimos a la ducha. Allí me susurró:
-Me encuentro mal. Creo que voy a caerme al suelo.
La tomé con mis fuertes brazos y la llevé hasta mi cama, la acosté. Durante un segundo quedé mirando su desnudo cuerpo blanco: era precioso:

ella debería estar expuesta en una vitrina de un museo: desnuda y acostada. Ese debería de ser su trabajo si existiera la lógica y justicia en el mundo: no debería de trabajar nunca más de empleada en un concesionario de coches: deberían de encontrar un modo con el que disecar su belleza. Deseé que no muriera. La amaba. Fui hasta la cocina, abrí la nevera y agarré un bote de Coca-Cola frío: con el propósito de apurárselo en sus labios y que el azúcar y cafeína la reanimara. Pero, cuando llegué al dormitorio, ella estaba despierta: con ojos de fuego, retorcía su espalda por el techo, me amenazaba de muerte y con mil tormentos después de muerto en una lengua hebrea (que pude distinguir a pesar de mis elementales estudios primarios). Luego se tiró sobre mí, caí al suelo, me golpeé fuertemente en la cabeza con las baldosas del piso y ella, el diablo, comenzó a estrangularme con fuerza sobre humana. Estaba perdido.
-No me voy a rendir ahora –me dije- Si he conseguido mantener mi trabajo en “20 minutos” tras un año, es porque soy un tipo duro de pelar.
Pelee a puñetazos con el diablo toda la noche, a la vez que arrojaba, a su cara, rezos de Aves Marías que le producían las mismas quemaduras que el agua hirviendo (nunca le rezo ni a Dios ni a Jesucristo: Dios no es compasivo y Jesucristo esta jodido, se encuentra resentido por el tema de la crucifixión: cuando le pido algo a Jesucristo siempre me dice: yo lo pasé peor y a mí, aunque sangraba mucho, no me ayudó nadie). Cuando el amanecer llegó, el espíritu del diablo abandonó el interior del cuerpo de mi novia: contra todo pronóstico, yo había vencido: y ella estaba a salvo (aunque con quemaduras de segundo grado en el rostro).
Tres meses después, ella quiso volver a fumar un porro.
-Llevamos tres meses sin follar ni fumar –me dijo- No creo que unas cuantas caladas hagan que la puerta de mi interior se abra lo suficiente para que vuelva a poseerme un diablo.

Llorando, le rogué que no lo hiciera, no obstante, ella encendió el porro:
-Nunca permitiré –declaró- que te pase nada malo, Rafa. Yo te amo.
Fumó unas cuantas caladas: volvió a marearse. Volví a tomarla en brazos. Volví a acostarla. Volví a correr hasta la cocina a por una Coca-Cola. Aun sabiendo lo que ocurriría a mí regreso: me la encontraría poseída por un diablo. Me equivoqué. Mi novia estaba colgada en el techo: por una cuerda. Mi novia se había ahorcado.
No sé si atribuir el asesinato al diablo que nuevamente la poseyó, o a ella misma: un suicidio, quizá: mi novia sintió que, en esta ocasión, se introducía en su interior un demonio mucho más poderoso que el anterior: uno que, fácilmente, podría acabar con mi vida.
Estos tristes acontecimientos, ocurridos hace no mucho, me han dejado profundas secuelas psicológicas. Cuando estoy sobre una chica follando, a veces, me aparto sobresaltado. Pienso que en mi interior se ha metido el espíritu de uno de los familiares que me pegaban en mi niñez o algún troll de internet que me cae mal y que se está beneficiando a la chica que me estoy follando sin condón.
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Posted: September 3rd, 2007 under Historias.
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