Chalets de mierda
Al poco de irme a vivir con mi ex, la virgen maría, ella decidió comprarse un chalet. Para ello necesitaba un aval. Cuando se lo pidió a su madre, lo primero que le dijo fue:
-No pienso solucionarle la vida a tu novio.
Al escuchar eso le dije a su madre que, a pesar de que yo pagaría cada mes la mitad de la hipoteca, nunca había pretendido que el chalet estuviera también a mi nombre. Entonces su madre aceptó a ser avalista. Pero yo nunca le perdoné ese primer comentario. Porque me hizo ver que a sus ojos yo era un ser despreciable: que estaba con su hija por interés, no por amor. Realmente, si nos comprábamos el chalet era porque su hija lo deseaba: yo era feliz en el apartamento pequeño que hasta el momento vivíamos. Además, tener que pagar la hipoteca era demasiado para mi porque, por aquel entonces, yo trabajaba de friega platos y casi no tenía dinero.
Casi un año después, tras 13 años de relación, dejé a mi ex porque lo nuestro no funcionaba. Y me vine a vivir a Madrid. Ya no sentía amor-pasión y me niego a vivir la vida sin sentir amor-pasión porque me hace sentir muerto.
Ella sigue viviendo en un chalet. Yo en una buhardilla-sauna pequeñísima; como una cucaracha. No sé si su madre se habrá dado cuenta, por fin, qué escala de valores tengo en la vida.
No obstante, últimamente me veo planeando -de manera inconsciente- cómo ganar más dinero para volver a poder vivir en una casa grande. Las tres últimas noches las he pasado obsesionado, pensando en mi perra Anais. La perra que se vino a vivir al chalet cuando lo compramos. Y en mi buhardilla no la puedo tener. Sería un crimen para ella. Nunca pensé que pudiera estar enamorado de una perra y para colmo que no pudiera olvidarla.
Te quiero Anais, espero estemos juntos pronto.
Posted: July 31st, 2007 under Vida personal.
Comments: 21
















